El reloj en la estación del tren del tiempo marcaba las cinco de la tarde. El tren ya estaba listo para ser abordado por los presurosos transeúntes empujándose los unos a los otros en el andén, y yo. Sí, yo tenía un error muy grave en mi haber que había cometido varios años atrás. Durante mucho tiempo había cuestionado la idea de abordar el tren y volver a aquel momento para solucionarlo, pero esta vez me encontraba allí. El simple hecho de ya estar allí transformó lo que alguna vez era una consideración profunda en un simple salto al vacío. Yo decidí saltar, y ahí estaba yo, cayendo.
Qué bueno haber nacido en esta época, donde tenemos tantas ventajas puestas al servicio de solucionar los errores. Ahora tengo la opción de seguir de otra manera, de no haber hecho sufrir a los otros, de no haberme hecho sufrir a mí; de evitar esas situaciones difíciles por completo. Nunca sabrán lo que hubiera sido capaz de hacer.
El tren llegó a su primer parada. Unos seis meses atrás. Es la primera estación, y por lo tanto la más corta. No, mi estación se encontraba más adelante. ¿O tal vez debería decir más atrás? Que no nos distraiga la semántica, simplemente quiero explicitar que todavía me faltaba camino.
Ahora que lo pienso, ¿cuánto tiempo habrá pasado desde aquel error? Ha sido bastante. Ha hecho de mi vida una dificultad constante. Me he tenido que esforzar el doble, el triple e incluso el cuádruple para conseguir todo lo que he logrado. Pero si ahora voy allí y lo soluciono, todo en mi vida será más fácil. Tendré más tiempo y atención para dedicarme a lo mío.
El tren nuevamente se sacudía mientras intentaba frenar en la siguiente estación. Dos años atrás. Ya faltaba pronto para mi estación. Mis manos sujetaron incluso más fuerte el asiento en donde me encontraba. Las preocupaciones y cuestionamientos comenzaban a aflorar.
No, no, esto ya lo discutí conmigo mismo varias veces. Yo sé qué es lo mejor para mí. Lo mejor para mí es evitar haber cometido aquel error. Yo lo sé. Es algo que sé. Sin razón alguna, estaba completamente convencido. Me estaba convenciendo a mí mismo. Mi tensión aumentaba, mi frente transpiraba. Si es que estaba haciendo algo tan correcto, ¿cómo es que podía cuestionarme de este modo? Algo no se sentía bien. Pero, ¿qué sería?
Cinco años atrás. Ésta era ya la penúltima estación. La próxima sería la mía, diez años atrás. Incluso con todos nuestros desarrollos, no hemos podido solucionar los problemas relacionados con volver más que esta cantidad de tiempo atrás. Pero con estos diez años bastaba. Evitaría ese error, y todo el resto que provinieron de él, en efecto cadena; cadenas que me esclavizaban. La terminal me esperaba.
Tanto los patrocinadores principales del tren, como los partidos políticos conservadores, y los voceros de comités de ética, moral, y todo eso que habré considerado en algún momento, todos ellos estaban deacuerdo en dar el consejo (de varias maneras distintas) de solucionar los problemas del presente en el presente. Que ciertos sucesos ocurren por una razón, y a veces es mejor dejarlo así. Que los seres humanos no tenemos todas las respuestas al por qué de las cosas. Hasta entonces las había considerado palabras cliché, frases trilladas, inclusive cursilerías baratas repetidas por la mayoría de las personas que se creen superiores. Sin embargo, en aquel momento comenzaba a considerarlas, y en realidad fueron varios pensamientos que pasaron por mi cabeza en aquel momento.
Terminal. Estación terminal. Ya lo tenía decidido. Las puertas se cerraron, y el tren se alejó de vuelta camino hacia la parada inicial.
Conmigo en él. Sí. Porque en la vida, todo nos sucede con una razón. Debido a mis errores, aprendí. Aprendí sobre mí, y los demás también. Consolidé mis relaciones. Gracias a mis dificultades me hice fuerte, para aguantar la vida y poder disfrutarla. Gracias a mi esfuerzo continuo conseguí la satisfacción de un trabajo bien hecho. Y si hay problemas, no existe momento como el presente para solucionarlos. Ese es el camino al progreso. Hacia delante, nunca atrás.
Al llegar a casa eran ya las diez de la noche. Me dispuse a dormir. Me esperaba un largo día mañana.
Les dejo una cita: "La satisfacción yace en el esfuerzo, no en el logro." -Gandhi
miércoles, 12 de agosto de 2009
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